sábado, 30 de mayo de 2009

Ciudad

La calle oscurecía uniformemente al avanzar las rectas sombras de sus monótonos edificios grises. Era una ciudad cuyas construcciones tenían la misma altura, el mismo color... Pero las callejuelas sin salida eran distintas. Era como si la propia vida se revelase contra aquel orden demasiado incoherente con la naturaleza. Pequeños helechos crecían allí, entre restos de basura, aún con tan poca luz que el día y la noche eran prácticamente iguales salvo por pequeñas manchas de luz que lo hacían parecer un lugar sagrado.

Lejos, muy lejos, los sonidos de la inmensidad se resgaban, produciendo escalofríos, entre la frondosa selva

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